

- Las altas barreras de entrada de nuevas corrientes políticas los cargos de representación popular. Si bien parece sano prevenir una excesiva fragmentación de partidos políticos, no es razonable que corrientes que pueden representar un 5% del electorado queden con nula representación si no forman parte de alguna de las 2 coaliciones dominantes. Lo anterior genera falta de renovación e innovación en las corrientes políticas, lo que parodiando lo que implica en el mundo privado, genera una pérdida de competividad política del país.
-Electorado cautivo. El mismo hecho anteriormente descrito significa que el elector se ve "obligado" a elegir entre candidatos de las 2 coaliciones dominantes, so pena de perder su voto votando por una corriente que no tiene posibilidad de acceder a cargos de representación. Esto genera un pernicioso efecto: el potencial candidato sabe que más vale contar con el respaldo de la cúpula partidaria y de la coalición para obtener una nominación que orientarse a representar a los ciudadanos electores. De este modo, una vez elegido, el representante tiene que orientar su esfuerzo a mantener su influencia en la "maquina partidaria" más que representar los intereses de sus electores y el bien común.
- Impunidad y contubernio. Al igual que en un duopolio empresarial, la existencia de un duopolio político facilita la comisión de actos contra la probidad ya que se debilita el efecto disuasivo del castigo electoral ante la ausencia de alternativas reales para el ciudadano. Igualmente, ante la denuncia responsable de hechos de falta a la probidad o derechamente delictivos, se generan incentivos para el contubernio defensivo del duopolio para defender su ámbito de poder e influencia.
Lo anteriormente expuesto debería bastar para incentivar un cambio en los mecanismos electorales, sin embargo estamos frente a la paradoja que los que deberían generar estos cambios son los mismos que se ven beneficiados por el statu quo.
Los cambios que deberían abordarse deberían estar en un punto intermedio entre la situación actual y un mecanismo 100% representativo. Parece razonable asegurar representatividad en cargos políticos a toda corriente que alcance al menos un 5% de la votación. De no abordarse una reforma en este sentido, seguiremos incentivando el divorcio entre los representantes políticos y la ciudadanía, se seguirá envejeciendo el padrón electoral ante la falta de interés de los jóvenes y alimentaremos el surgimiento de fuerzas extra sistema que pondrán en peligro el sistema democrático y la paz social.
¿Será capaz nuestra clase política de abordar una reforma del sistema electoral que pondría en riesgo su actual cuota de poder e influencia, pero que beneficiaría ampliamente al país en su conjunto?
Estimada Presidenta, estimados Senadores y Diputados, ustedes tienen la palabra. La ciudadanía se merece una respuesta.



Estimado Hernan
Cai 20 años han pasado y los cambios que esperabamos en Chile no llegan
El discurso sigue siendo dictatorial y la participacion no llega al pueblo
Sin embargo "la historia es nuestra y la hacen los pueblos"
Saludos
Miguel Prieto